Ahí estaba. Como siempre. Nunca se movia.
La rodeo. Siguió observandola, no podia dejar de mirarla. La mirada que poseia, la belleza en las alas.
-¡Aah! Quien te poseyera…- se le escapó un susurro. Miró hacia todos lados.
Nadie. Menos mal. Llevaba viniendo todos los días. A observarla a ella. No le importaba el resto de belleza que le rodeaba, solo venia a verla a ella. Habia dejado el trabajo, apenas si comia, amigos y familiares se alejaban de él, estaba obsesionado con ella.
Esa estatua.
Era perfecta. Pero un día desapareció. Le preguntó al conserje.
-¿Y la estatua que habia ahí?
-¿El angel? Está en el almacen. Se la van a llevar.
Irse de aquí ¿De este museo? ¿Qué haria él? La muerte, el suicidio,…
-¿Puedo verla una última vez?
-Ya la están cargando pero… - miró hacia los lados y no habia nadie- bueno venga. Por ser cliente habitual- le guiñó un ojo.
Entraron en el almacen. Ahí estaba la estatua. Entre tres personas la estaban cargando para intentar subirla al camión. Él se acercó, la tocó y le miró la cara.
Estaba llorando ¿O solo lo veia él?
De repente uno de los que la cargaban perdió el equilibrio y cayó. La estatua se tumbó y aplastó al joven enamorado de ella, a la vez que se destrozaba en mil pedazos esparcidos por el almacén.


