Cayó.
Y corrí hacia ella. Su caida no sería muy grande pero un poco dolorosa si que sería, lo único que quería era salvarla. Cuando crucé la carretera no me di cuenta de un coche a gran velocidad que se acercaba. Fui desplazado por el golpe durante unos diez metros. Mi viaje aereo acabó cuando mi cabeza chocó contra una pared. Sentí que algo liquido y no muy frio se desplazada por mi pelo, escaso por un reciente corte del mismo. Mi vista se volvió nublosa, no veia nada a más de diez metros, la distancia que había recorrido. Lo sabía porque si veia el coche, y también veia como el conductor se salía del coche con las manos en la cabeza. Se acercó a mí, pero en ese momento ella entró en mi campo de visión y vi como lo empujaba y se venía hacia mí.
Me alegré.
Vi las magulladuras de ella en ambos brazos tras su caida desde el primer piso. Sabía que le dolían, pero no podía hacer nada. Levanté la cabeza, pero no aguanté y el choque de mi cabeza contra el suelo me debió quitar minutos de vida. En ese momento ella llegó y puso mi cabeza en algo blando, supuse que una chaqueta. Estaba gritando, no lo soportaba.
No soportaba su sufrimiento, pero tampoco podía hacer nada. Intenté decir algo, pero no lo conseguí. Más por no tener nada que decir que por el enorme esfuerzo que me suponía hacerlo. Miré al conductor del coche y cruzó su incredula mirada con mis desesperados ojos.
-¿Como… como estás?-. Me dijo ella. Entonces ya tuve algo que decir, aunque me llevo una eternidad conseguir empezar a hablar.
-Estoy bien-. Aunque me pareció una pregunta y una respuesta absurda.
-¡Ay-ay-ay-ay! ¿Qué hago yo ahora?- dijo ella, aunque se veia que no sabía tampoco que decir.
-¿Como estás tú?- cada vez me costaba menos hablar, aunque me cansaba más. Era como volver a aprender a hablar.
Guardó silencio durante un momento, como si le hubiera preguntado por el origen del Universo y tuviera la respuesta en la punta de lengua.
-No te preocupes por mí- dijo al cabo.
-Eres lo único que me preocupa- dije con dificultad. Se sonrojó y me dedicó una sonrisa.
-Te quiero- me dijo al final.
-Solo dices eso porque voy a morir-. Era increible: Muriendome, en la mitad de la calle, con publico alrededor y yo haciendome rogar.
-No lo menciones- dijo ella rapidamente-. Te pondrás bien.
-No- ya podía hablar mejor, aunque no sabía bien porqué-. Apenas logro ver-. De repente empecé a toser. Me estaba ahogando con mi propia sangre. Ella debió ver mi mirada de desesperación y comprender, pues puso mi cabeza de lado para que pudiera “babear” la sangre, ya que no tenía fuerzas para escupir.
Arrancó un trozo de manga de su camiseta y limpió mi cara un poco. Esta acción me dolía bastante, pero no tenía fuerzas para quejarme.
-Me hubiera gustado ser…-no podía irme sin decirselo, tenía que decirlo ahora. Sabía que no tendría otra oportunidad.- más valiente. Me…
-No di…
-Calla- dije calmadamente- soy yo el que se muere- misteriosamente ahora podía hablar casi con normalidad. Pero me dolía, era muy doloroso.- Me hubiera gustado ser… tu amigo.
Y no volví a abrir los ojos. Aunque no llegué a morirme hasta pasados unos treinta segundos.


