January 30, 2007
Bueno, con un poco más de tiempo que la última vez… allá vamos ¡Y esta vez sin “more” xD.
Realmente no sé cuando fue la última vez que conté algo aquí, así que pasaré directamente a relatar lo que tengo ganas de relatar:
¡He tenido un accidente! xD
Realmente, Cristobal, lo siento mucho por tu coche, pero es que no deja de hacerme gracia el hecho ¿Por donde empiezo? ¡Ah! Si, por el principio:
¡¡Toma “more”!!
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June 6, 2006
¡Por fín!
Aquí está el relato, pero como no tengo tiempo no puedo subirlo, así que lo copio xD.
Bueno, chao.
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March 24, 2006
Y caminé por ella. Calle angosta, puertas lugubres. Toda una pelicula de terror de los años 70. Me iba a gustar caminar por ahí. Me crucé con un par de personas que apenasme dirigieron unamirada nerviosa. Supongo que por miedo, pero no dejaban de mirarme hasta que se daban cuenta de que yo los estaba mirando.
Chaqueta gris, vaqueros viejos y zapatos destrozados. La verdad es que mi aspecto en una calle así podría levantar sospechas. Tampoco me importaba.
Doblé a la izquierda, sin rumbo fijo, supongo que lo hice por que soy zurdo. Seguí caminando, en esta calle más iluminada mi aspecto debiera dar pena en vez de miedo, pero a fin de cuentas tampoco me importaba.
Al igual que tampoco me importan mis numerosas faltas de ortografía.
Kran, una vez que no tenía sob re que escribir.
December 15, 2005
Cayó.
Y corrí hacia ella. Su caida no sería muy grande pero un poco dolorosa si que sería, lo único que quería era salvarla. Cuando crucé la carretera no me di cuenta de un coche a gran velocidad que se acercaba. Fui desplazado por el golpe durante unos diez metros. Mi viaje aereo acabó cuando mi cabeza chocó contra una pared. Sentí que algo liquido y no muy frio se desplazada por mi pelo, escaso por un reciente corte del mismo. Mi vista se volvió nublosa, no veia nada a más de diez metros, la distancia que había recorrido. Lo sabía porque si veia el coche, y también veia como el conductor se salía del coche con las manos en la cabeza. Se acercó a mí, pero en ese momento ella entró en mi campo de visión y vi como lo empujaba y se venía hacia mí.
Me alegré.
Vi las magulladuras de ella en ambos brazos tras su caida desde el primer piso. Sabía que le dolían, pero no podía hacer nada. Levanté la cabeza, pero no aguanté y el choque de mi cabeza contra el suelo me debió quitar minutos de vida. En ese momento ella llegó y puso mi cabeza en algo blando, supuse que una chaqueta. Estaba gritando, no lo soportaba.
No soportaba su sufrimiento, pero tampoco podía hacer nada. Intenté decir algo, pero no lo conseguí. Más por no tener nada que decir que por el enorme esfuerzo que me suponía hacerlo. Miré al conductor del coche y cruzó su incredula mirada con mis desesperados ojos.
-¿Como… como estás?-. Me dijo ella. Entonces ya tuve algo que decir, aunque me llevo una eternidad conseguir empezar a hablar.
-Estoy bien-. Aunque me pareció una pregunta y una respuesta absurda.
-¡Ay-ay-ay-ay! ¿Qué hago yo ahora?- dijo ella, aunque se veia que no sabía tampoco que decir.
-¿Como estás tú?- cada vez me costaba menos hablar, aunque me cansaba más. Era como volver a aprender a hablar.
Guardó silencio durante un momento, como si le hubiera preguntado por el origen del Universo y tuviera la respuesta en la punta de lengua.
-No te preocupes por mí- dijo al cabo.
-Eres lo único que me preocupa- dije con dificultad. Se sonrojó y me dedicó una sonrisa.
-Te quiero- me dijo al final.
-Solo dices eso porque voy a morir-. Era increible: Muriendome, en la mitad de la calle, con publico alrededor y yo haciendome rogar.
-No lo menciones- dijo ella rapidamente-. Te pondrás bien.
-No- ya podía hablar mejor, aunque no sabía bien porqué-. Apenas logro ver-. De repente empecé a toser. Me estaba ahogando con mi propia sangre. Ella debió ver mi mirada de desesperación y comprender, pues puso mi cabeza de lado para que pudiera “babear” la sangre, ya que no tenía fuerzas para escupir.
Arrancó un trozo de manga de su camiseta y limpió mi cara un poco. Esta acción me dolía bastante, pero no tenía fuerzas para quejarme.
-Me hubiera gustado ser…-no podía irme sin decirselo, tenía que decirlo ahora. Sabía que no tendría otra oportunidad.- más valiente. Me…
-No di…
-Calla- dije calmadamente- soy yo el que se muere- misteriosamente ahora podía hablar casi con normalidad. Pero me dolía, era muy doloroso.- Me hubiera gustado ser… tu amigo.
Y no volví a abrir los ojos. Aunque no llegué a morirme hasta pasados unos treinta segundos.
September 18, 2005
La vio, y la saludo. Un simple gesto de cabeza, que ella le correspondia. A pesar de toda la frustración, el hecho de que ella aún le dirigiera una sonrisa y un simple gesto, era para él como si ya tuviera asegurada la entrada al paraiso.
Sin embargo, un día decidió ir más allá. Cuando se la encontró en la misma calle de siempre, a la misma hora de siempre, decidió que ya era hora de decir “Hola”, pararse y llevar una conversación algo más allá que un simple saludo. La miró, y vio que ella sonreia.
Agachó la cabeza.
Ella, al no recibir el saludo de siempre, dejó de sonreir, pusó cara triste, que él vio con toda claridad, y siguió adelante.
Al día siguiente, en el mismo sitio a la misma hora, ella no pasó. Decidió esperar, tendria algo que hacer. Pasaron unas dos horas y siguió sin aparecer. Él permanecía sentado, en un bordillo de la acera, con la esperanza de que apareceria pronto. Dos horas más. No pasó nadie, ni un alma. A pesar de todo, el siguió ahí. Se hizo de noche, por lo que se levantó y miró hacia los lados.
No era posible.
Ella estaba ahí, del mismo modo que él. Miró su reloj, y vio que se habia parado. Entonces lo comprendió.
Era él, él que habia llegado tarde. Ella, al no verlo, decidió sentarse en un bordillo de la acera del mismo modo que él. Y al haber un coche aparcado a su lado, él no la habia visto minutos después al pasar. Habian estado más de cuatro horas esperandose el uno al otro a menos de veinte metros.
Se acercó a ella y por fín consiguió hablarle:
-Hola.
Ella, al oirlo, levantó la cabeza, y sin mediar palabra, se levantó y lo abrazó.
-Creia que te habia ocurrido algo- le dijo a él.
Su voz era preciosa. Se le escapó una lagrima. Ella se apartó lo suficiente como para mirarlo.
-¿Que te pasa?
-Habia llegado a pensar que no volvería a verte. Lamento lo que ocurrió ayer.
-No quiero perderte. Lo de ayer no me importa.
En ese momento, el reloj de ella dió las nueve, y el coche aparcado a su lado explosionó de tal manera que provocó la muerte de ambos.
September 6, 2005
Ahí estaba. Como siempre. Nunca se movia.
La rodeo. Siguió observandola, no podia dejar de mirarla. La mirada que poseia, la belleza en las alas.
-¡Aah! Quien te poseyera…- se le escapó un susurro. Miró hacia todos lados.
Nadie. Menos mal. Llevaba viniendo todos los días. A observarla a ella. No le importaba el resto de belleza que le rodeaba, solo venia a verla a ella. Habia dejado el trabajo, apenas si comia, amigos y familiares se alejaban de él, estaba obsesionado con ella.
Esa estatua.
Era perfecta. Pero un día desapareció. Le preguntó al conserje.
-¿Y la estatua que habia ahí?
-¿El angel? Está en el almacen. Se la van a llevar.
Irse de aquí ¿De este museo? ¿Qué haria él? La muerte, el suicidio,…
-¿Puedo verla una última vez?
-Ya la están cargando pero… - miró hacia los lados y no habia nadie- bueno venga. Por ser cliente habitual- le guiñó un ojo.
Entraron en el almacen. Ahí estaba la estatua. Entre tres personas la estaban cargando para intentar subirla al camión. Él se acercó, la tocó y le miró la cara.
Estaba llorando ¿O solo lo veia él?
De repente uno de los que la cargaban perdió el equilibrio y cayó. La estatua se tumbó y aplastó al joven enamorado de ella, a la vez que se destrozaba en mil pedazos esparcidos por el almacén.
Avanzaba con cuidado, cabizbajo, por la acera. Que por cierto era extrañamente estrecha. Miró hacia atrás.
Nada.
Tenia la sensación de que le seguian, le espiaban, o algo. Torció a la derecha, cruzó la calle y volvió a mirar atrás.
Nada.
Tal vez fuera por la calle estaba inusualmente vacia. Siguió hacia delante y vio un coche que venia de frente. Era rojo, y venia a gran velocidad. Su circular no era recto, incluso llego a rozar la pared en una ocasión. El coche cada vez estaba más cerca. En ese momento pilló la matricula. Se subió a una reja de una ventana y vió como el coche pasaba a toda velocidad por una calle de unos cuatro metros de ancho.
Al bajar de la ventana vio a otro coche. Era negro y venia disparando. Subió rapidamente la misma reja dela ventana. Se fijó en que sus manos se manchaqban de verde, por el color de la reja. Pero no le importó. Se engancho a un cable de la luz que habia un poco más arriba y alcanzó una ventana más alta, sin rejas.
De repente, apareció una mujer. Creyendo que entraba a robar empujó al muchacho de tal manera que su cabeza dió con el bordillo de la acera del otro lado de la calle.
El muchacho se desangraba mientras murmuraba las letras de la matricula del segundo coche:
-HCD, hcd, hcd, hc…